Kathe Montoya, el adiós a la adrenalina de los sprints, la bienvenida a la pausa de la vida

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El día después. Abrir los ojos, levantarse y darse cuenta que el rumbo es otro, que ya no hay adrenalina, trabajos específicos ni objetivos por cumplir. Ningún deportista de alto rendimiento está preparado por más experiencia o legado que posea. Dejar de lado lo que siempre fue una fuente vital, suele ser una de las situaciones más complejas de resolver. Katherine Montoya, una de las mejores velocistas del país, lo experimentó de una manera distinta. “Un día me desperté y dije.. ¡NO MÁS!”. Así, sin más. Lo hizo a conciencia y sin arrebatos emocionales después de meditar muchos aspectos de su vida, y de poner sobre la balanza lo que realmente era importante para forjar su futuro integral y no solo el deportivo. “Llamé a Don Gabriel (Jaime Vélez) y renuncié”, cuenta Kathe, que el pasado 19 de enero fue una de las ausentes en la presentación de la nómina del Team Sistecredito.

Tenía contrato, pero la decisión estaba tomada. “No fue para nada fácil, pero sentía que mental y físicamente lo necesitaba. Me dio duro, llamé a las niñas y les conté, me desahogué con ellas, se pusieron tristes pero al final solté el taco y ya”, relata la antioqueña, uno de los símbolos del brillante proceso de ciclistas surgidas en ese bendito vivero del oriente antioqueño llamado el Carmen de Viboral. Creció y forjó su carácter de velocista en Autolarte, un proyecto de amigas dirigido por David Vargas que fue la semilla de todo lo que más adelante se convirtió en una referencia para el ciclismo femenino en Colombia.

Con presupuesto limitado, pero con orden y mucha conciencia de roles, Autolarte logró posicionarse como un equipo ganador en distintas facetas. Katherine, patinadora potente y de técnica depurada, explotó su talento para el sprint hasta convertirse, en su momento, en la mejor del país, ganadora de etapas y clasificaciones de metas volantes en los eventos más importantes. Su legado de velocista en tierra de escaladores abrió una brecha y le brindó la oportunidad de llegar a la cima a finales del 2019 en los Juegos Nacionales de Cartagena. Allí su perspectiva cambió. “Después de ganar la medalla de oro, un señor llamado Kike Arango estaba en la carpa de Antioquia, y cuando llegue ahí después de pasar la meta me dijo que el era coordinador de una especialización en Gerencia Deportiva en la UNAULA y me dio una beca para estudiar. En el 2020 me fui para Europa, entonces no estudié, pero en el 2021 la pude hacer”.

Un año antes del triunfo en Cartagena se había graduado como Contadora en la Universidad de Antioquia. Cumplió con creces en la academia pero el ciclismo seguía siendo su mayor anhelo, su pasión. La adrenalina de los embalajes no le permitía enfocarse en otros asuntos de su vida, así que los años siguientes al oro fueron de un tire y afloje constante entre la bicicleta y las aulas. “Estudié mientras competía. Quedé campeona sub-23 de la Vuelta a Costa Rica mientras hacía mi trabajo de grado. Cuando todas llegaban de las etapas a dormir, yo me sentaba a leer y redactar. Nadie dice que es fácil combinar ambas, pero si uno quiere saca el tiempo y es capaz de hacerlo”, asegura.

Hasta finales de 2023, Katherine fue una mezcla académico-deportiva, pero los años pasan y la vida obliga a elegir un camino. Los triunfos no faltaron, pero el ciclismo en medio de la pandemia, aislarse en otro país sin tener un rumbo definido y luego chocar con la realidad de proyectos fallidos como el Zaaf de España, le enviaron una clara señal de lo efímero que es el deporte, y de lo necesario que resulta estar preparado para no depender de la retribución económica por tener un talento.

“Realmente puse en una balanza lo que podía mejorar mi vida y aprender otro año más en el ciclismo, VS lo que podía mejorar y aprender en mi vida profesional, y ganó lo profesional. Si ganaba una etapa más o incluso una carrera mi vida no iba a cambiar”, afirmó con la sensatez de la experiencia y el sabio mensaje de su abuelo Libardo Montoya, experto en el sector inmobiliario que le impregnó su conocimiento en los avalúos. “En el 2022 volví a Europa con el equipo español, pero como todo salió mal regresé a Colombia en abril, y en mayo comencé a estudiar lo de los avalúos. Desde el momento que me gradué comencé a trabajar con mi abuelito en los raticos que me quedaban libres después de entrenar”.

Contadora, Gerente Deportiva y Asesora en el sector Inmobiliario. Sin darse cuenta, Katherine había ganado tantos títulos importantes en la vida como en el ciclismo. Todo pasó rápido, como sus sprints. Y su decisión de irse también fue veloz, tanto como para dejar sin reacción por teléfono a uno de los mejores formadores del país. “No he dejado de montar bici, pero ahora le doy más prioridad a otras cosas. No sé Diosito cuánto tiempo más me vaya a prestar a mi abuelo para aprenderle todo eso que sabe. Él sí puede ser muy determinante en mi vida, porque tal vez no hubiera un ‘el próximo año'”, reflexiona la antioqueña, que aún tiene un sueño pendiente como deportista: correr criteriums en Estados Unidos.

“Si me dan la Visa tal vez vaya a correr allá, porque es lo único que me gustaría vivir y que no he tenido la posibilidad de hacer, pero depende de la embajada. Si me la niegan como ya me pasó una vez, es porque tal vez no me convenía probar suerte allá”, dice en tono sonriente, ya sin la angustia de sentir que el ciclismo es lo único en su existencia.

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